Sólo para fumadores

Sólo para fumadores es una breve novelita del genial escritor peruano Juan Ramón Ribeyro. Se trata de una deliciosa lectura en la cual el autor nos desvela de manera sincera y cruda el idilio que durante toda su vida mantuvo con el tabaco, los buenos momentos que pasó junto al cigarrillo, así como los achaques y las diversas enfermedades que el «vicio» le provocó a su enjuto y delicado cuerpo.

No es un alegato a favor del tabaco, tampoco en contra, es símplemente una narración autobiográfica tomando como foco principal la influencia del tabaco en su propia vida, la cual siempre estuvo ligada, para bien o para mal, en la salud y en la enfermedad, al «vicio» de fumar.

Son apenas 20 páginas, de lectura amena y rápida, que nos desvelan hasta qué punto el tabaco influyó de manera decisiva en su vida, en su obra, en su forma de ser, y en su manera de relacionarse con el mundo. Se publicó en 1987 en su libro de cuentos del mismo título Sólo para fumadores en el cual compartía espacio con diversos cuentos de Juan Ramón Ribeyro. También aparece esta novela breve en La palabra del mudo , otra compilación de cuentos del autor. En España lo ha publicado la Editorial Menoscuarto, especializada en joyas literarias breves.

Algunos párrafos son maravillosos:

El fumar se había ido ya enhebrando con casi todas las ocupaciones de mi vida. Fumaba no solo cuando preparaba un examen sino cuando veía una película, cuando jugaba ajedrez, cuando abordaba a una guapa, cuando me paseaba solo por el malecón, cuando tenía un problema, cuando lo resolvía. Mis días estaban así recorridos por un tren de cigarrillos, que iba sucesivamente encendiendo y apagando y que tenían cada cual su propia significación y su propio valor.

Los padecimientos y humillaciones por la falta de dinero para poder fumar:

Me aventuré por la rue Royal y del Maxim’s vi salir a un caballero elegante que encendía un cigarrillo en la calzada y despachaba al portero en busca de un taxi. Sin vacilar me acerqué a él y en mi francés más correcto le dije: «¿Sería usted tan amable de invitarme un cigarrillo?». El caballero dio un paso atrás horrorizado, como si algún execrable monstruo nocturno irrumpiera en el orden de su existencia y pidiendo auxilio al portero me esquivó y desapareció en el taxi que llegaba

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